En un contexto internacional marcado por el auge de discursos de odio, el cuestionamiento de derechos fundamentales y el avance de movimientos que buscan restringir libertades individuales, la defensa de los derechos del colectivo LGTBIQ+ se ha convertido en una responsabilidad democrática ineludible. No se trata únicamente de proteger a una minoría; se trata de defender el principio básico de que todas las personas deben poder vivir con dignidad, libertad e igualdad, independientemente de su orientación sexual, identidad o expresión de género.

Euskadi ha sido, durante décadas, un territorio comprometido con los derechos humanos y la diversidad. Gracias al trabajo constante de asociaciones, instituciones y activistas, se han logrado avances significativos en materia de reconocimiento y protección de los derechos de las personas LGTBIQ+. Sin embargo, ningún derecho conquistado está garantizado para siempre. Los recientes retrocesos observados en distintos países del mundo nos recuerdan que la igualdad requiere vigilancia, compromiso y movilización permanente.

Pero nuestra mirada no puede limitarse a nuestras fronteras. La defensa de los derechos humanos debe ser universal. En numerosos países de Centroamérica y Africanos, miles de personas LGTBIQ+ continúan enfrentándose a situaciones de discriminación, violencia, exclusión social y vulneración de derechos fundamentales. En algunos casos, la simple expresión de la propia identidad puede convertirse en motivo de persecución, rechazo familiar o agresiones físicas. Muchas personas se ven obligadas a ocultar quiénes son para sobrevivir o incluso a abandonar sus hogares y países en busca de protección.

Ante esta realidad, la solidaridad internacional adquiere una importancia esencial. No podemos hablar de igualdad plena mientras existan lugares donde amar a una persona del mismo sexo o expresar una identidad diversa suponga un riesgo para la integridad física, la libertad o la propia vida. La defensa de los derechos LGTBIQ+ en otras partes del mundo también es una causa que interpela a la ciudadanía vasca, a nuestras instituciones y a las organizaciones sociales comprometidas con los derechos humanos.

Es importante recordar una verdad tan sencilla como poderosa: amar a quien amas no vulnera los derechos de nadie. Ser quién eres no limita la libertad de ninguna otra persona. La igualdad no resta derechos; los amplía. Reconocer la diversidad afectivo-sexual y de género no amenaza a la sociedad, sino que la enriquece. Una sociedad democrática se fortalece cuando todas las personas pueden participar en ella sin miedo, sin discriminación y sin tener que renunciar a su identidad.

Frente a quienes intentan presentar los derechos LGTBIQ+ como privilegios o concesiones especiales, conviene insistir en que hablamos de derechos humanos básicos: el derecho a existir, a amar, a formar una familia, a expresarse libremente y a vivir sin violencia ni discriminación. Nada más y nada menos.

Por ello, hoy más que nunca, es necesario movilizarse. Salir a las calles, apoyar a las organizaciones que trabajan por la igualdad, exigir políticas públicas efectivas y alzar la voz frente a cualquier forma de discriminación. Porque los derechos humanos no entienden de fronteras. Porque la libertad de una persona fortalece la libertad de todas. Y porque mientras haya personas que no puedan vivir plenamente quienes son, la tarea de construir una sociedad verdaderamente justa seguirá estando incompleta.