Ángela Flores, es un testimonio vivo de perseverancia y resistencia. Como comerciante, lleva muchos años vendiendo gas propano, un negocio que construyó con esfuerzo en un entorno donde la discriminación hacia las mujeres trans es abrumadora. Desde su infancia en el mercado central, Ángela ha luchado por ganarse el respeto de su comunidad, logrando mantener su negocio sin enfrentar rechazo, algo que atribuye al arraigo y la confianza construida con los años.

Ángela reivindica el derecho de las mujeres trans a vivir plenamente, a trabajar y a ser reconocidas sin prejuicios. Su vida es un llamado a la lucha, a la esperanza y a la construcción de un futuro donde la discriminación no sea un obstáculo.