Alexandra es un ejemplo de resiliencia y determinación. Como cosmetóloga, ha encontrado en su profesión una forma de salir adelante, superando los obstáculos que la discriminación le impuso en su educación y empleo. Con solo octavo grado, debido al rechazo por su identidad de género, Alexandra decidió aprender cosmetología y hoy atiende a sus clientes con dedicación y orgullo. Su vida ha estado marcada por el rechazo familiar y social, pero encontró apoyo en organizaciones que le permitieron reafirmar su identidad.

Alexandra reivindica el derecho de las mujeres trans a ser reconocidas por su nombre, a estudiar, trabajar y vivir con dignidad.